Pero, hey, la Micarelli es un demonio cuando se embulla. No le quita el puesto a ningún primer violín, pero le sobra bomba. Al menos eso pensaban sus compañeros de banda cuando colaboraba con la Trans-Siberian Orchestra.
Debe ser la combinación de padre italiano y madre coreana.
Y New York con la Juilliard.
Señoras y señores, Lucia Micarelli con Ian Anderson.
Hagan juego.
Y en Cheap day return, que los empresarios no somos tontos.