jueves, 4 de septiembre de 2008

De madrugada, por esas calles...


Déjame poner estas lombrices, cultura underground, aquí al empezar.

Si las pongo al final del posteo nadie se va a enterar que están ahí.

Hay buenas historias que terminan en malos guiones, y hay historias babosas que un buen guión las maquilla con diligencia.

En el caso de los comics, esta transacción es vital, y hay autores que negocian con ella.

Caso típico el de Milo Manara, que recicla esa ragazza sexy una y otra vez. Las historias existen para aplaudir las nalgas y la boca de la heroína, que está tan bien hecha que el público pide más.
Pero, aguafiestas que soy, siempre me pregunto qué pasa si le quitamos a un comic de Manara el erotismo y la figura de esos clones piernas largas.

Sospecho que algunas no llegan a los playoffs.
Las historias, porque las mujeres ganan por forfeit. Sucede que mis instintos suicidas me llevaron a comprar la edición Heavy Metal de Piranese, The Prison Planet, una historia que debió haber asumido Enki Bilal.

Los fans de Manara se quejan de que no hay sexo explícito, y yo me quejo de que el italiano tiró un majá de órdago o lo hizo a la carrera para el downpayment del carro.

De otro modo no me explico esas acuarelas atípicamente chambonas, esos fondos chatos y esa falta de respeto con la parafernalia visual que exige un comic que lleva la frase "ciencia ficción" en su sinopsis.


Nada que ver con otras pinchas suyas.

Y no me voy a meter en la trama, que está flojona. Otras veces uno se podía consolar con los dibujazos, pero aquí como que se nos destiñe el profe.

Y tenía yo que llegar a esto para reconocer que Milo Manara nos ha tenido entretenidos con sus colirios y se nos ha hecho el bobo con la sustancia.

Yo no creo que le aguante un galletazo a Mike Mignola y su Hellboy

Oscuro, sí, overbearing también.

Pero todos esos complots de rasputines fascistas desdoblados en monstruos cósmicos que quieren dominar el mundo se encuentran con un dibujazo negro que te cagas, y Hellboy es un zoquete noir.



Eso se agradece.

Por lo menos es honesto, como Hugo Pratt.


Sorry, maestro.

Pero lo dicho, el hijueputa de Manara se ha doctorado en nalgas.


Y viviendo de lo mismo anda Paolo Eleuteri Serpieri y su Druuna, el culo patrón del comic de ciencia ficción.

Paolo Serpieri.
En Aphrodisia, Serpieri nos hace desfilar por más de 20 cuadros en las cuatro primeras páginas para hacernos creer que la cosa es seria, y llevarnos a un pastelón involuntario de Druuna con unos personajes algo creepies. No hay manera de que uno se pueda empujar el dilema de Shastar ( jevo de Druuna y uno de los protas) si no nos dan un aerosol de los culos que Serpieri le pinta a sus damiselas, convenientemente aparecidas en la obra y apareadas en plan hard core. Pero a estas alturas nadie le va a pedir cuentas a los maestros.
¿Mi punto? El sexo hace milagros editoriales.
Si no, que le pregunten a los fans de Luis Royo, que son como los de Silvio Rodríguez.

Uno no sabe qué coño está diciendo, pero suena bien.


La obra de Royo es como el Whiter Shade of Pale de Procol Harum aplicado al comic. Así que nadie se me haga el profundo y el afectado con las historias de Manara y Serpieri, que todo el mundo lo que va a es a ver fondillos 5 estrellas.

¿No es verdad, Fede?

Así es.

2 comentarios:

PolO dijo...

Un culo es un culo, es un culo...

garrincha dijo...

nunca mejor dicho, don polo.