Asumiendo que lo decía en plan queja y no en plan burla, el escritor tenía y no tenía razón. Si vamos a hablar de la historieta cubana y su presencia editorial, pues ha tenido menos fijador que el Vaginol. No hay que olvidar que estamos hablando de un género tirado a mondongo desde el año de la bomba, y el enigma es más incómodo si comparamos la cantidad y calidad de caricaturistas con la de los historietistas.
Si hablamos de la insistencia y el machacar por inercia o testarudez, entonces la historieta cubana tiene un lado heroico rayando el anonimato.
En los años 40 y 50, pocos diarios estaban interesados en publicar comics del patio, sobre todo cuando las agencias de distribución ( y aquí uso con soltura el término para "syndicate") les daban a los editores paquetes con semanas de anticipación, más baratos que pagarle a un artista local. Algo se hacía, no obstante.
Cuando la revostrucción fue tomando cuerpo burocrático, y los teóricos se vestían de milicianos, se empezaba a escuchar un corito que decía que la historieta era un arte imperialista. Fue una de las pocas veces que se asoció la palabra "arte" con la historieta. Y las pocas figuras que salieron a defender el comic lo hicieron con una combinación de timidez, desventaja numérica y un improvisado catálogo de argumentos para intentar presentar la historieta como una nueva arma de la revostrucción, con una utilidad ideológica nueva y el blah, blah, blah acompañante.

De hecho no es nada extraño que en Wikipedia, la entrada correspondiente a historietas cubanas sea tan escasa de información como tan chata. Aquí vemos el síndrome Adelaida de Juan, aplicando a la historieta el mismo criterio selectivo que usan todavía para la caricatura. Esta autora escribió un libro concentrado en el personaje de Liborio, el Bobo de Abela y el Loquito de Nuez, y desde entonces es como si la caricatura cubana fuera solo esas referencias. Culpa de Adelaida no creo que sea. La culpa es de los ignorantes que hicieron de su libro la biblia del humor gráfico cubano.
Recuerdo en una entrevista a un dibujante en la revista Cómicos citando varias influencias en su obra. Entre ellas mencionaba a Milton Caniff, apresurándose a añadir un "a pesar de los pesares". Yo leía aquello y me decía "¿A pesar de qué pesares de qué cojones? ¿Cuál es el delito de mencionar al dibujante norteamericano?".
Bueno, todos sabemos el delito inventado, pero esa salvedad, esa coletilla aclaratoria, casi pidiendo disculpas en los ochenta, da una idea de qué iba el asunto. Ediciones en colores y otras publicaciones se vieron diezmadas por regulaciones laborales absurdas, falta de parque de imprenta y desidia de varias partes. Esto dispersó a un núcleo importante de creadores en los 60, y aunque CLínea y Mar y Pesca trataba de darle un boca a boca al comic, la revista Pionero se unió al rescate en los 60, con excelentes historietas dirigidas a un público joven, básicamente..
Pionero reunió a historietistas sueltos, muchos formados con y por el maestro Virgilio Martínez, quien sirvió de "exhibit A" de la defensa en el nunca declarado juicio contra el comic, dibujando historietas revolucionarias (históricas o didácticas para algunos) como "Pucho" y "Supertiñosa". La paciencia y las ganas de Virgilio nunca han sido reconocidas del todo.
Pero fue una época brillante, de la que recuerdo con más nitidez a Robe y sus "Conquistadores del Fuego" (yo estaba enamorado de Gamla), a Lorenzo con su "Ronin" y a Jordi en su incursión en la historieta larga con "El Hombre Incorpóreo", adaptación del libro "La Tripulación del Mekong". Pero Pionero se fue a bolina, al menos en lo que a historietas se refiere, por una causa biológica y por falta de espacio, antes de que el Período Especial hiciera de las suyas.
La editorial Pablo de la Torriente trató de rescatar sin mucha exigencia editorial (mucha historieta mala que se publicó) el balón suelto en los 80, pero el Período Especial no entendió con nadie, y el tajo fue a la yugular. Palante tuvo la gallardía de dedicar dos páginas a las tiras cómicas, pero honestamente, no todas eran de calidad. La posible regeneración de dibujantes y escritores de comics se ha visto mermada más o menos por las siguientes causas, comunes a veces para la caricatura en general:
-Falta de variedad en publicaciones.
-Editores ignorantes o indiferentes al género.
-Ausencia de información de lo que pasa en el circuito internacional del comic en cuanto a tendencias, estilos y materiales en general.
-Escasos guionistas.
-Poquísima critica especializada y preparada.
-Censuras, de la rampante y con sordina.
-Falta de continuidad, en las publicaciones y en el desarrollo de autores.
A veces, y en el afán de validar la historieta a como diera lugar, cualquier figura importante que alguna vez coqueteó con el género, era declarado historietista de facto. Luego de mucho empujar, la UNEAC abrió su Sección de Historieta, y unos pocos trataban de mantener la bola en movimiento, sobre todo desde la Editorial Pablo, con concursos (el Fidel Morales sobre todo) y eventos teóricos que demasiadas veces se convertían en muro de los lamentos apocalípticos sobre el negro futuro de la historieta.
A mí esos pataleos en los eventos teóricos me la pelaban, sobre todo porque venían de dibujantes que habían hecho, a todo meter, 30 historietas en toda su vida, y porque se desgastaban en críticas a editores sin mencionarlos por su nombre y a una burocracia no muy bien definida, que algunos se apresuraban a esbozar como algo intermedio y no como una indolencia en la política gubernamental y sus requetebien definidas prioridades culturales.
Así es fácil perder la paciencia primero, la fe después. Para poner las cosas peor, no he mencionado que esta lista de adversidades es más larga en el caso de la historieta dramática, que ha llevado la peor de las partes siempre.
Cuba debía tener mejor salud en un género que es mundial, pero igual, todos sabemos por dónde van los tiros. Siempre ha habido un grupo de fieles que ha estado dispuesto a revitalizar el género en el cayo, pero la verdad es que el handicap es enorme. Y así, nananina.

Máscaras de Halloween. Iba a proponer una de Bush y otra de Cheney, pero ya las han hecho en otros jalouines. Así que me dije: "Hey, ¿y por qué no...?"Y zas.

Y hablando de máscaras de Halloween...


Descontando algunos de los mandamientos de Jehová, no hay humoristas en la Biblia.
Mordecai Richler (1031-2001)
Mordecai Richler (1031-2001)

